sábado, 5 de enero de 2019

El Secreto de Papá Noel


Valeria nunca imaginó que iba a convertirse en la afortunada ganadora de un viaje en el que acompañaría a Papá Noel en Nochebuena a repartir regalos por todo el planeta.

“¡Cuéntanos todo lo que veas a tu vuelta!”, le habían dicho sus amigos. Lo que no sabían es que todo no podría contarlo, ya que días previos al viaje, Valeria había recibido una carta con matasellos de Laponia en la que le decían que iba a conocer un secreto guardado durante años del que no podría hablar.

Llegó el ansiado día y cuando Valeria y sus padres llegaron en avión a Finlandia ya les estaban esperando. Les acompañaron hasta la región de Laponia y una vez allí les dejaron en su hotel.

- Pasado mañana es el gran día- dijo uno de los hombres- Vendré mañana a por Valeria y ustedes se quedarán aquí. Ella es la única que puede visitar el lugar. No se preocupen, la niña va a estar muy bien. El día de Navidad estará de vuelta.

Los padres de Valeria miraron a su hija y ver el brillo de ilusión que desprendían sus ojos, supieron que no podían negarse.

Al día siguiente, durante el trayecto al pueblo de Papá Noel, la niña no paró de hacer preguntas.

- ¿Tiene Papá Noel la voz tan ronca? ¿Cuántos años tiene? - parloteaba sin parar.
- Tranquila- le dijo el hombre - lo irás descubriendo poco a poco.

Al llegar al pueblo, y al poco de instalarse en la preciosa casita de madera que iba a ser su hogar durante esos dos días, un coche pasó a recogerla.

La dejaron en la puerta del taller de Papá Noel. Al abrirla, todo un mundo mágico apareció ante sus ojos. Decenas de elfos de nariz grande se afanaban en envolver regalos. Había papel de regalo y cintas de raso por todas partes.

Una señora mayor se le acercó y la saludó. Valeria seguía con la boca abierta y ni siquiera había reparado en su presencia hasta que ella le habló.

- Hola, soy Noelia. Voy a ser tu acompañante - le dijo con una sonrisa.
- Entonces, ¿Tú también vendrás en el trineo con Papá Noel? ¿Tan grande es el trineo? ¿Será el reno Rudolf quien nos lleve por el mundo?- y Valeria comenzó de nuevo con su fluyente verborrea.
- Todo a su debido tiempo.- le contestó la mujer mientras le acariciaba la cabeza con cariño.

Noelia era muy alta y tenía el pelo blanco. Era una abuelita que estaba lejos de ser entrañable debido a su gran tamaño pero le gustaba.

Ese día, Valeria estuvo ayudando a los elfos a  envolver regalos y se emocionó de pensar que esos paquetes llegarían a niños de países muy lejanos que jamás conocería en persona.

Cuando acabó el día, Valeria se fue a su cabañita y a la mañana siguiente volvió de nuevo al taller. Los elfos seguían trabajando sin descanso, iban contrarreloj.

Cuando Valeria vio a Noelia, se abalanzó sobre ella.

- Noelia, ¿tú conoces a Papá Noel? ¿Cómo se las ingenia para repartir tantos regalos en una sola noche? ¿Los renos van muy rápido? ¿Es que no hay controles de velocidad de trineos en el cielo?- empezó a decir la niña.

- Ja ja ja- contestó Noelia con una sonora carcajada que le resultó algo familiar- No hay controles de velocidad en el cielo porque el trabajo de Papá Noel es especial. Y  en  el mundo hay lugares como Australia o Nueva Zelanda donde el día empieza antes y esos son los primeros que visita Papá Noel.

Finalmente la noche llegó. Valeria creía que se le iba a salir el corazón por la boca.

A lo lejos el sonido de unos cascabelillos llamó su atención y apareció un trineo tirado por renos, el que iba al frente de todos tenía la naricilla roja ¡Era Rudolf!

Papá Noel iba subido en el trineo y cuando llegó a su altura, extendió la mano hacia la niña. Valeria la cogió temblorosa.

Era tal cual lo había imaginado, pelo blanco, alto, gordo y con una enorme barba blanca, pero había algo en él que le resultaba familiar.

- ¿Estás preparada?- dijo y a Valeria se le abrieron los ojos como platos.
- ¿Noelia? ¿Eres…Papá Noel?- acertó a decir perpleja.

Allí debajo de aquel atuendo estaba Noelia. Antes de que la niña pudiera articular palabra la mujer le explicó:

- Siempre fui yo. Llevo haciendo el trabajo siglos. Una noche, en una de las casas que visité, me habían dejado de comer algodón de azúcar. ¡Con lo que me gusta!, así que me entretuve demasiado tiempo comiéndolo y cuando me di cuenta, uno de los niños, que se había despertado, estaba observándome pasmado en el salón. Yo tenía toda la cara repleta de algodón, de modo que el niño pensó que era barba lo que veía. “¿Cómo te llamas?” me preguntó, y al verme sorprendida sólo acerté a decir “Noel…” Esa noche tras llegar a Laponia convoqué al Consejo de la Navidad para ver qué debíamos hacer. Todos estuvieron de acuerdo en aprovechar la situación, ya que así Papá Noel, como decidieron darme a conocer al mundo, pasaría desapercibido. Desde entonces uso barba postiza. Y este es el secreto que jamás debes contar. ¿Lo prometes?- concluyó.

- Ehh, sí, pero entonces ¿Eres Mamá Noelia?- contestó Valeria.
-Ja ja ja- rió Noelia, y ahora sí, Valeria supo de qué conocía esas carcajadas, ¡eran las de Papá Noel!

Al principio un halo de decepción había pasado por la mente de la niña al descubrir al verdadero Papá Noel, pero pronto se dio cuenta de que lo importante no era quién hiciera el trabajo, sino que todas las Navidades los niños del mundo recibieran sus regalos. Al fin y al cabo había alguien que había sido capaz de mantener la ilusión viva durante años, ¿qué más daba si ese alguien era hombre o mujer?

Ambas se miraron.

- ¿Nos vamos?- dijo Noelia.

Y así comenzó el que sería para Valeria el viaje más maravilloso de su vida.

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